Nueva York es una de las ciudades más importantes del mundo. Rascacielos, lugares icónicos, personalidades del cine y la música… Pero en la NBA, Nueva York ha sido desde hace décadas sinónimo de decepción.
A lo largo de su amplia historia, los Knicks se han caracterizado por tener alergia al éxito.
Son una de las tres franquicias que han disputado todas las temporadas de la NBA pero la última vez que levantaron un título fue en 1973 y su última presencia en las Finales databa de 1999.
Hasta ahora.
El maleficio que contenían los muros del Madison Square Garden se han disipado en una temporada histórica y ante un rival que partía como el favorito a levantar el Larry O’Brien. 53 años de sequía que, al fin, concluyen con una carrera hacia el anillo que lo ha tenido todo.
Una cima ansiada por una organización que ha visto erigirse y desplomarse dinastías y campeones hasta que finalmente ha llegado su turno.
Sueños truncados con Pat Ewing

En los últimos años de los ochenta y durante toda la década de los noventa, los Knicks fueron sinónimo de competitividad. Con Pat Ewing como referente alcanzaron dos Finales. Primero en 1994, llegando a estar 3-2 arriba frente a los Houston Rockets, y después en 1999 en año de lockout, siendo el primer octavo clasificado que pisaba dicha instancia.
Durante la última década del siglo XX, Nueva York impuso un estilo muy particular, obra de Pat Riley. Este elevó el nivel físico hasta rozar lo antideportivo, con figuras como Charles Oakley o Anthony Mason como perros de presa. Aquellos Knicks supusieron el renacer de un proyecto que había caminado por el desierto tras los dos anillos conseguidos en 1970 y 1973. Los años de Bob McAdoo, Bernard King, Michael Ray Richardson y Spencer Haywood fueron de absoluta decepción, de errores y clamorosas derrotas que les alejaron de la primera plana.
En la era de las trincheras, los Knicks construyeron un auténtico ejército que estuvo bien cerca de alcanzar el éxito. Pero entre Michael Jordan, Reggie Miller y los Houston Rockets todo aquello se quedó en un mero sueño
De hecho, las Finales de 1999 fueron el canto de cisne de aquel equipo. Contra todo pronóstico se cargaron a los Miami Heat, ahora dirigidos por Pat Riley, y que venían de ser el primer clasificado en una temporada marcada por el lockout y la segunda retirada de Jordan. Después barrerían a una potencia defensiva como eran los Hawks de Mutombo. Todo ello para volver a chocar con Indiana Pacers y Reggie Miller en las Finales del Este que venían inspiradísimos.
Los Pacers habían tenido una campaña magnífica, su juego era riquísimo y variado. Pero a la hora de la verdad, Lattrell Sprewell, Larry Johnson y Allan Houston pasaron por encima de Indiana. Todo ello sin contar apenas con un veterano y lesionado Pat Ewing.
Los Knicks se veían una vez más en unas Finales, pero poco podrían hacer ante unos San Antonio Spurs muy superiores y tenían a Tim Duncan y David Robinson en su esplendor.
Al año siguiente, con un curso normal, los Knicks se mantuvieron arriba. Segundos del Este, confirmando que eran un proyecto al alza y que sus jugadores en ascenso estaban preparados para tirar abajo la puerta.
Nuevamente, Reggie Miller lo impidió.
En aquel momento ni el fan más pesimista de los Knicks podía imaginar que tendrían que esperar 25 años para volver a unas Finales de Conferencia y que sería el hijo de uno de sus jugadores de banquillo como Rick Brunson, el que lideraría a la franquicia hasta tal escenario.
Viaje por la inmundicia competitiva

48, 30, 37, 39, 33, 23, 33, 23, 32 y 29. Estas fueron las victorias totales en las temporadas siguientes hasta la llegada de Carmelo Anthony al Madison Square Garden en 2011. Un periodo de absoluto hundimiento en las oficinas de los Knicks donde perdieron por completo el norte. Y todo coincidiendo con la entrada en escena de James Dolan
Dolan pasó a ser propietario mayoritario de la franquicia de manera efectiva en el año 1999 pero tras la decepción del año 2000 empezó a llevar la voz cantante en las oficinas.
Primero, se deshizo de Pat Ewing argumentando que no quería firmar una extensión de contrato y que demandaba mucho dinero. Cosa que el jugador se encargaría de desmentir en múltiples ocasiones. A cambio llegarían nombres de bajo nivel como Travis Knight, Glen Rice, Luc Longley y rondas de Draft que no acabarían llevando a ningún lado. Tras ser eliminados en primera ronda por los Raptors de Carter empezó el desplome.
Se deshicieron de Glen Rice, cortaron a Larry Johnson, eligieron a Nene con el pick 7 por delante de otros como Amar’e Stoudemire, Caron Butler o Carlos Boozer. Todo ello para al año siguiente traspasarlo junto con Camby a cambio de Antonio McDyess. Un McDyess que no jugaría en su primer año por estar lesionado y disputaría un total de 18 partidos en la Gran Manzana. Un año después se produjo la salida de Latrell Sprewell a los Timberwolves por Keith van Horn e iniciando un periodo de transición y reconstrucción sin apenas elecciones de primera ronda.
Así llegamos a uno de los momentos más críticos de la historia de los Knicks y que condicionaría su siguiente década, el desembarco de Isiah Thomas, la figura que casi destruye a los New York Knicks.
Isiah Thomas es uno de los mejores jugadores de la historia de la NBA y uno de los cinco mejores bases de todos los tiempos. Sin embargo, no puede decirse lo mismo de sus capacidades fuera de la cancha.
Thomas empezó su andadura como ejecutivo en los Raptors, no superando las 30 victorias en ninguno de sus años en la organización. Después compraría la CBA, la segunda liga profesional estadounidense y que servía como una especie de G League para la NBA. En apenas dos años la CBA entró en crisis económica por culpa de la gestión de Thomas, el cual la abandonó a su suerte para poner rumbo a los Pacers y entrando esta poco después en bancarrota.
El ejecutivo tomó el mando de las operaciones en los Pacers tras pisar las Finales en 2000 y aquello fue todo un fracaso, significando el regreso de Larry Bird que lo primero que hizo fue despedir a Thomas.
Los Knicks no vieron los evidentes avisos de que poner al ex de los Pistons al frente de la toma de decisiones era un error. Y por eso en diciembre de 2003 le hicieron presidente de operaciones. Lo que se vino después fue una de las historias más terroríficas de la historia de los despachos de la NBA
Entre 2003 y 2008 pasaron 5 entrenadores, incluyéndose él mismo. Los Knicks tuvieron la plantilla más cara de la NBA por entonces sin superar las 23 victorias. Se realizaron operaciones incomprensibles como las de Eddy Curry, Steve Francis, Penny Hardaway, Antonio Davis, Jalen Rose o Zach Randolph entre otros. Bajo la dirección de Thomas los Knicks solo alcanzaron los Playoffs una vez, en 2004, hasta que en 2008 fue despedido tras rozar el ridículo con 23 triunfos tan solo pese a ser el 7º equipo más caro de la liga.
La etapa de Isiah Thomas no pudo ser peor. La cual incluyó un caso de acoso sexual que se resolvió una sentencia firme por la que tuvo que desembolsar 11 millones de dólares por daños y perjucios.
Donnie Walsh llegaría después para tratar de enmendar el desastre. Y, por fin, los neoyorquinos empezaron a asomar la cabeza.
Alegría fugaz

Mike D’Antoni, Donnie Walsh y un proyecto joven. Esa era la premisa y el resultado fue positivo. En apenas tres campañas los Knicks regresaron a Playoffs, volviendo a convertirse en un destino preferencial para agentes libres, como fue el caso de Amar’e Stoudemire.
Pero esta etapa no puede entenderse sin alguien como Carmelo Anthony.
El hijo pródigo de la ciudad de Nueva York. El elegido para devolver a los Knicks a la gloria. Una estrella a la altura de la franquicia. La ilusión regresó al Madison. Y la verdad es que vivirían sus mejores años desde la década de 1990. El problema fue que tuvieron que compartir época con los Miami Heat de LeBron James y los Boston Celtics del Big Three. Ni el buen hacer de Mike Woodson evitó que el equipo se viniera abajo.
Las prisas siempre han definido a los Knicks y con Dolan al frente esto fue mucho más evidente.
Los aires megalómanos de Dolan le llevaron a rescatar a un dinosaurio como Phil Jackson para ponerlo al frente de las operaciones. Jackson, que contaba casi con 70 años, quiso imponer el triángulo ofensivo en plena era del auge del triple. Y el resultado fue el esperado.
Todo ello al mismo tiempo que la franquicia trataba de subirse al carro de las reconstrucciones agresivas vía Draft al ejemplo de los Sixers del Proceso. Y es que en los años siguientes la franquicia tendría los picks 4, 8, 9 y 3 que se tradujeron en Porzingis, Ntilikina, Knox y Barrett
Los Knicks entraron en una fase de declive total. 17, 32 y 31 fueron las victorias totales de aquel equipo con Jackson al frente. Mientras que por el banquillo del Madison pasaron Derek Fisher, Kurt Rambis y Jeff Hornacek hasta la salida del ex de los Bulls y Lakers.
Más tarde, Steve Mills volvería a tomar control de las operaciones en un momento de hundimiento total, con un equipo sin rumbo, que hacía movimientos sin sentido y se desprendía de sus activos sin apenas valorarlos. Y cuando parecía que les iban las cosas bien todo se torcía, como con la lesión de Porzingis en 2018.
Leon Rose, el arquitecto
Tras la decepción de David Fizdale y la llegada de la pandemia algo cambió en las oficinas de los Knicks. Es aquí donde aparece un hombre al que apenas se le ha visto en todo el tiempo que lleva en el cargo, Leon Rose.
Uno de los agentes más importantes del negocio, miembro clave de CAA, y que desde que tomó control de las oficinas no ha hecho sino dar pasos firmes y hacia adelante por resucitar a los Knicks.
Rose entregó las llaves del equipo a Tom Thibodeau cuando nadie se acordaba de él. Y en su primer año, con un equipo de retales, llevó a los Knicks a los Playoffs por primera vez en casi una década. Al año siguiente no pudieron repetir presencia en Playoffs tras el fracaso de Kemba Walker y los problemas físicos de Rose, pero les permitió abrir espacio salarial y hacerse con Jalen Brunson. Una apuesta muy criticada por entonces pero que ha terminado convirtiéndose en uno de los mejores fichajes de la historia de los Knicks y que coloca a Brunson como el mejor base de la franquicia junto a Walter Frazier y Earl Monroe.
Lo destacable de una figura tan opaca como Rose reside en que ha sabido rodearse de expertos en el convenio colectivo. Eso es lo que ha posibilitado a los Knicks poder ir dos pasos por delante de sus rivales en el mercado y actuar en consecuencia. Además, la gerencia neoyorquina ha sabido jugar muy bien sus cartas, no dejándose llevar por la estrella descontenta de turno que sale pide el traspaso, sino conformando, pieza por pieza, una plantilla de éxito.
El mejor ejemplo fue el traspaso de Karl-Anthony Towns en 2024. Con la introducción de los aprons del impuesto de lujo, una operación como esa iba a colocarles en una situación muy complicada. Para evitarlo, firmaron a Duane Washington, por entonces jugador del Partizan, para automáticamente incluirle en el acuerdo en sign&trade, y así conseguir cuadrar las cuentas en una jugada maestra.
Mike Brown, la última pieza del puzzle
Es imposible negar la parte de responsabilidad de Tom Thibodeau en el anillo de estos Knicks. De igual modo que tener claro que Thibs nunca pudo sacarle el máximo partido a la plantilla que tuvo. La hizo competir en muchos momentos por encima de sus márgenes esperables, pero a la hora de la verdad se quedó corto. Es en este momento donde Mike Brown entra en escena.
Técnico maltratado por la prensa en muchos momentos pero que ha tenido una carrera brillante, como las Finales de 2007 con los Cavs, su aporte como asistente en los Warriors campeones o el fin de la sequía de Playoffs de los Kings en 2022. Brown le dio al vestuario justo lo que necesitaba, una voz. Les dotó de confianza, les motivó y supo qué hacer en los momentos determinantes.
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Brown ha demostrado carácter ganador, tanto en Copa como en Playoffs, siendo generoso durante la fase regular y pragmático en los instantes cruciales, como ocurrió frente a los Hawks.
El anillo

Hay muchas maneras de ganar en este deporte. Pero ninguna lleva aparejada tanta gloria como aquella que se produce contra todo pronóstico, donde ese equipo no parte como favorito y, además, es capaz de remontar una y otra vez. Los San Antonio Spurs hicieron todo lo que estuvo en su mano para llevarse las Finales. Y durante la gran parte de los cinco encuentros que duró la serie lo consiguieron. A lo largo de más del 90% del tiempo de juego, los texanos fueron mandando en el marcador, pero en el momento de la verdad, en el clutch, cuando el tiempo corre y la tensión aumenta, fueron los Knicks quienes salieron vencedores en cuatro de los cinco enfrentamientos.
Los neoyorquinos se sobrepusieron a todas las adversidades, incluyendo la mayor remontada de la historia de las Finales así como una explosión épica de Jalen Brunson en el último asalto del quinto.
Una cima épica, tomada al más puro estilo Nueva York, con la cual poner fin a cinco décadas de sequía, incontables noches de sinsabores para sus aficionados y devolver el brillo a una de las tres franquicias fundadoras de la Asociación.
Porque puede haber equipos con más anillos, con más Finales, que han sido exitosos durante más tiempo, ¿pero como los Knicks? No hay nada como los New York Knicks.
El día que se rozó la gran epopeya. Análisis de la Final Four de la Euroliga y mucho más: Surne Bilbao, Piculín Ortiz, Lakers, Obradoiro…
