Jaylen Brown

Refrendadas sus capacidades sobre la cancha, con un merecido MVP de las Finales que los Celtics ganaron ante los Mavericks, Jaylen Brown también posee un perfil superlativo fuera de las pistas.

En una entrevista en 2018 a‘Boston Magazine’, Jaylen Brown, quien había sido número 3 del Draft de 2016, aseguraba que deseaba estar más cerca de la gente,quizá como un anticipo de lo que iba a venir a los pocos meses, con la creación de‘The 7uice Foundation’, una entidad ideada y sustentada por el propio Brown en la idea de que el racismo históricamente presente en la sociedad estadounidense ha levantado unas barreras que deja sin oportunidades a millones de personas. Brown quiere derribar esos muros.

Este proyecto enraizaba con la trayectoria vital de un tipo al que llegaron a definir como un ‘jugador del Renacimiento’, con una inteligencia superior a la de sus compañeros de profesión y siempre interesado en darle una visión más profunda a todos sus actos.

El chico de Georgia que según una profesora de su colegio iba a terminar en la cárcel en un periodo de cinco años (“no la culpo, las aulas estaba muy masificadas y el profesorado no daba abasto”, diría años después), tuvo esa predilección por cuestionarse las cosas merced al esfuerzo de sus padres para que pensara, para que no estuviera exclusivamente atento a los vídeo juegos sino a la lectura, al aprendizaje. Hijo de un boxeador profesional que volvió al cuadrilátero bien entrada la cuarentena para dar ejemplo a sus hijos, precisamente cuando Brown llamaba a las puertas de NBA, el talento del escolta en la pista tenía su parangón fuera de ella, pues desde la época del instituto en Wheeler High School, en su Marietta natal, ha sido capaz cada curso de refrendar que las virtudes que posee no sólo se circunscriben a su labor superlativa en la cancha.

Activista por los Humanos, Historia, idiomas, ciencia, ajedrez, música… y la NASA

El hecho de formar parte del ‘McDonald’s All-American Boys Game’ de 2015  hizo que Brown tuviera interesantes ofertas para enrolarse en la NCAA. E hizo esto último, pero poniendo el mundo extradeportivo al mismo nivel que los aspectos deportivos. De esa forma se puede entender que firmara su compromiso con la University of California, Berkeley. Porque allí no sólo buscaba jugar al baloncesto. Se formó en magnentoquímica y durante el primer semestre fue estudiante, nivel máster, de Estudios Culturales del Deporte. Había saltado unos cuantos cursos de golpe y se había comprometido con algunas materias de unos niveles que se presuponen deben tomar alumnos no tan jóvenes. Como cuentan sus compañeros de aquella experiencia, en aquel escenario también sobresalió.

En su único curso en Berkeley le dio tiempo para además de ser una estrella de la canasta, abrazar la cultura del deporte y de la ciencia, acercarse a la Historia, estudiar español, que habla fluidamente, o jugar de manera muy aceptable a nivel universitario al ajedrez. Hasta el punto que ahora la aplicación número uno en la materia, Chess.com, tiene un Bot con su perfil y 1.500 de puntuación. Y su talento en la ciencia quedó claro cuando la NASA le ofreció una beca o en las charlas que ha dado en Harvard y en el MIT (Instituto Tecnológico de Massachusetts).

Jaylen Brown ha tardado casi una década en coronarse como el mejor jugador de unas Finales. Para sorpresa de muchos, quizá sobre todo para aquellos del ‘Washington Post’ que escribieron que podíamos encontrarnos ante el nuevo fracaso de los Celtics; o para aquellos que escribieron que “era demasiado inteligente” como para triunfar en la NBA. El contrato de más de 300 millones de dólares, que le hace ser el poseedor del acuerdo más alto de la historia de la competición, o este reciente MVP, dan fe de que aquellas predicciones iban fatalmente encaminadas. Tanto como la de la profesora que le auguró un negro futuro, ahora transformado en un presente plagado de inteligencia, activismo, dinero, reconocimiento y títulos individuales y colectivos.

Foto: Getty Images

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