Es el partido que nadie quiere jugar: significa que te has quedado a un paso de la final, a un par de victorias de la gloria. Pero también quiere decir que se ha hecho un buen mundial: nadie puede reprochar a una selección haber llegado hasta semifinales (quizá a Inglaterra por su particular idiosincrasia, más concretamente a Tuchel).
Es así al menos para las grandes: el objetivo siempre fue jugar la final, como era el caso de Francia e Inglaterra antes de caer con España y Argentina, y este partido está un poco de más, pero, para las selecciones que dieron la sorpresa y se plantaron en semifinales cuando nadie lo esperaba, es continuar el camino, seguir haciendo historia. Así fue para Suecia en el 94 o para Turquía en 2002. Y mejor queda decir que has quedado tercera a decir cuarta: has entrado en el podio, si el mundial fuera un gran premio de Fórmula 1. La medalla de bronce.
Y al fin y al cabo es un encuentro entre dos semifinalistas, sin tanta tensión pero con más libertad para soltarse. Una cita que ha dejado grandes partidos y momentos con invitados de lujo.
El error de Shilton y el gol de Baggio
Italia era la anfitriona en 1990 con una selección preparada para luchar por el título: ahí estaban los Zenga, Bergomi o Vialli junto a la base rossonera del Milan de Sacchi con Baresi, Maldini, Carletto Ancelotti y Donadoni. Pero se toparon con la Argentina de Maradona en semifinales y con Goycochea en la tanda de penaltis.
Tuvieron que consolarse con luchar por el tercer puesto ante Inglaterra, que hizo un buen papel al alcanzar las semifinales por primera vez desde 1966. En la portería estaba el ya veterano Peter Shilton, el guardameta de las Copas de Europa del Nottingham Forest a finales de los 70 y que a sus 40 años era uno de los pilares de Inglaterra junto a Lineker, Platt o Gascoigne. Aquel partido significaba además su despedida y su partido internacional número 125, todo un logro en una época en la que no se jugaban tantos partidos de selecciones.
Pero no fue su mejor actuación: en una jugada extraña, tras una cesión de un defensa y no acabar de cogerla con las manos (fue después de ese mundial cuando se instauró la acertada norma para los porteros de no poder cogerla con la mano tras pase de un compañero), Baggio aprovechó el despiste y terminó marcando con su conocida habilidad el primer tanto del partido. David Platt empató con un gran cabezazo, pero Schillaci marcó de penalti cometido sobre él mismo el definitivo 2-1 para la Azzurra.

Con ese tanto, Schillaci aventajaba en uno al checo Skuhravy y se proclamaba máximo goleador con seis tantos. Una de las grandes sorpresas del torneo y que, al igual que un joven Roberto Baggio, no comenzaron como titulares ya que el ataque era cosa de Vialli y Carnevale, pero se ganaron un hueco gracias a su buen rendimiento. Sería además el punto de partida para Il Codino en su gran trayectoria en los mundiales.
La goleada de Suecia
El Mundial de Estados Unidos en 1994 fue muchas cosas. Entre ellas, un mundial de sorpresas. Primero, se quedaron fuera selecciones importantes como Inglaterra, Francia o Portugal, situación que aprovecharon selecciones de media tabla pero con talento para escalar posiciones y dejar fuera a otras grandes: Rumanía eliminó a Argentina en octavos y Bulgaria hizo lo propio con Alemania en cuartos. Pero el camino de Rumanía se detuvo en cuartos al enfrentarse a Suecia, otra de las sorpresas.

En semifinales ya no hubo espacio para imprevistos: Italia derrotó a Bulgaria con un gran Roberto Baggio y Brasil ganó a Suecia con un gol de Romário que se hizo esperar hasta el minuto 80. Bulgaria y Suecia tendrían que seguir escalando en el partido por el tercer puesto… y ahí sólo se presentó Suecia. Una actuación mejorable de la zaga búlgara y su portero Mikhailov dejaron vía libre a uno de las mejores ataques del mundial como era el sueco. Tres de ellos marcaron: Brolin, Henrik Larsson y Kennet Andersson (sólo faltó Dahlin, que no jugó), y junto al del centrocampista Mild certificaron un contundente 4-0 para los nórdicos.
El gol más rápido en la historia de los mundiales
No es que no tenga mérito lo que hizo la Corea del Sur de Guus Hiddink en 2002: la anfitriona derrotó primero a Portugal en la fase de grupos y después hizo lo propio con Italia en octavos y España en cuartos para plantarse en semifinales, el problema es que lo hizo con actuaciones arbitrales cuanto menos cuestionables y bastante llamativas. Pero Alemania fue su verdugo en semifinales.
Por el otro lado, Turquía fue otra de las grandes revelaciones. Pasó la fase de grupos de puntillas como segunda de grupo tras perder con Brasil, empatar con Costa Rica y ganar a China. En octavos derrotó a Japón (la otra anfitriona) y en cuartos a Senegal, otra de las selecciones que dieron la sorpresa en 2002. Pero en semifinales volvió a toparse con Brasil y Ronaldo, que marcó el único tanto del partido (ya les habia marcado en la fase de grupos).
Así pues, hubo duelo de revelaciones por el tercer puesto y fue un gran partido que no tardo en arrancar: concretamente los 10,8 segundos que tardó Hakan Sukur en marcar el gol más rápido en la historia de los mundiales hasta la fecha. Empató Corea sólo 9 minutos después, pero en el minuto 13, Ilhan Mansiz volvió a adelantar a los otomanos. El entonces delantero del Besiktas, que jugaba su primer partido como titular y que ya había marcado el tanto de la victoria ante Senegal saliendo desde el banquillo, marcó también el tercero. Volvió a marcar Corea en el descuento, pero el 2-3 sería insuficiente para hacerse con la tercera plaza.

Era una buena selección turca: el ataque estaba formado por la que fue delantera del Galatasaray con Sukur y Hasan Sas. Rustu, con la cara pintada cual jugador de fútbol americano, era el portero, y había peloteros como Emre Belozoglu, Basturk o Umit Davala. También estaba Nihat, delantero de la Real Sociedad, pero apenas tuvo minutos. Su carrera en San Sebastián levantaría el vuelo a partir de la siguiente temporada, cuando estuvieron cerca de ganar la liga.
Una nueva era para Alemania
A pesar de haber alcanzado ya la tercera plaza en 2006 como anfitriona y ser finalista en la Eurocopa de 2008, cuando el gol de Fernando Torres llevó el título a España, cundía el pesimismo en 2010 con Alemania. Muchas caras nuevas y, para colmo de males, Ballack, la estrella, lesionado.
Pero las dudas se despejaron en el césped con fútbol: los pupilos de Joachim Löw golearon en el debut a Australia y, aunque se llevaron un susto al perder después con Serbia, se clasificaron al vencer a Ghana en el tercer partido. Después, cuatro goles a Inglaterra en octavos y otros cuatro a Argentina en cuartos. Una apisonadora. A partir de entonces, el mundo apuntó el nombre de los Özil, Müller, Boateng, Neuer, Kroos o Khedira, que se unían a los más veteranos Schweinsteiger, Klose, Lahm o Podolski.

Con estas credenciales se preveían dificultades en semifinales para España, pero Puyol marcó un gol para la historia de la selección. Para pelear el tercer puesto esperaba otro hueso para los germanos: una Uruguay que había hecho un gran torneo apoyada en su tridente de lujo con Forlán, Luis Suárez y Cavani. Empezó ganando Alemania con un disparo lejano que Muslera no atajó dejando el balón a los pies de un atento Müller. Cavani y Forlán remontaron, pero Jansen empató tras una mala salida de Muslera y Khedira marcó de cabeza el definitivo 3-2 para los teutones.
Una nueva generación que daba sus primeros pasos como antesala al título de 2014.
La cima de una generación para Bélgica
Puede servir en algunos casos este partido por el tercer puesto para alcanzar una nueva cima, como era el caso de Bélgica: hasta 2018, su mejor actuación fue el cuarto puesto alcanzado en 1986, cuando, tras derrotar a España en la tanda de penaltis de cuartos, sucumbió en semifinales ante Argentina en un recordado partido de Maradona y después ante Francia en la lucha por el tercer puesto.
En esa tesitura llegaba Bélgica al partido por el tercer y cuarto puesto en 2018: superar su cima histórica. Tras haber firmado un gran mundial jugando buen fútbol con la mira siempre puesta en la portería rival, y haber dejado en cuartos a la Brasil de Neymar, Coutinho y Marcelo, se topó en semifinales con la durísima Francia, posterior campeona que ganó con un gol de Umtiti.

En el partido por la medalla de bronce se encontraría de nuevo con Inglaterra, a la que ya había ganado en la fase de grupos con gol de Januzaj y que había caído con Croacia en semis. Los pupilos de Roberto Martínez se llevaron por delante a los Three Lions, a los que ganaron con goles de Meunier y Hazard, una de las grandes estrellas del torneo.
No sólo era la cima de la selección belga: también lo era de una gran generación que alcanzó su mejor resultado en aquel mundial de Rusia. Quizá escaso bagaje para una era que contaba con Hazard, De Bruyne, Lukaku, Courtois, Fellaini, Vertonghen, Kompany, Mertens, Carrasco, Dembélé, Alderweireld… pero que dejaron una actuación para el recuerdo.