La temporada de Joan Peñarroya ha sido una auténtica montaña rusa de emociones que acabó bien arriba, tras una histórica racha de 6 victorias consecutivas en la Euroliga al mando de un Partizan del que se hizo cargo en diciembre. Un curso de guion de película que empieza en Barcelona, continúa con su destitución en el banquillo culé y tiene el desenlace con la aventura de Belgrado, el gran desafío de suceder a Zeljko Obradovic en el banquillo serbio. Unos meses irrepetibles y una experiencia que el propio Joan cuenta ahora en Gigantes del Basket.
Entrevista publicada originalmente en la revista de mayo de 2026 que puedes conseguir aquí
Gigantes del Basket: ¿Qué te encuentras cuando llegas a Belgrado?
Joan Peñarroya: Me encuentro una situación de crispación muy grande. Era un momento complicado porque el equipo iba mal, no transmitía buenas vibraciones, ya no en cuanto a ganar o perder, sino tampoco en situaciones que allí se valoran mucho, como es el esfuerzo, el jugar como un equipo. Los aficionados, que posiblemente sean los mejores del mundo, allí te aman o te odian. Todo eso no ayudaba. Y después, la más importante, sin duda alguna, es que la leyenda más grande seguramente que hay en el baloncesto serbio, que es Zeljko Obradovic, había abandonado el equipo.
Me encontré lo que me imaginaba, incluso un poquito más exagerado, porque empiezas a ver cómo funciona allí la gente, la pasión con la que lo vive, el sentimiento con el que viven todo lo relacionado a su club, que aquí, desde nuestra visión, parece un poco exagerado. Pero eso también, poco a poco, te va haciendo ver lo que representa ser entrenador del Partizan.
G: Y en esa situación, ¿por dónde se empieza a trabajar?
JP: Yo en la parte social no puedo entrar. Intento centrarme en el equipo, primero en conocerles, en conocer cómo funcionaban. Y me encuentro una serie de circunstancias. Todo el ambiente enrarecido de las últimas semanas seguramente había multiplicado tener una serie ya de hábitos, de situaciones, que no eran las adecuadas para funcionar como un equipo. Es una situación de mucha dificultad en la que cada uno, sin saber muy bien cómo, quiere salvar su posición individualmente. Y claro, así era muy difícil salir de la ahí, con problemas con los aficionados, problemas con el club, un equipo que no ganaba, un equipo que no competía… un equipo que transmitía hasta cierta desidia en el esfuerzo.
Mi función era primero localizar cómo estaban los jugadores e intentar, poco a poco, poner hábitos o intentar inculcar pequeñas reglas que todos los jugadores han hecho a lo largo de su carrera. Los cinco primeros partidos en Euroliga para nosotros son muy malos, porque tenemos cambios de jugadores, lesiones y muchos cambios. No competimos realmente en esos partidos. Pero a mí me ayudaron también para ver dónde estamos.
G: Llegas a pensar en algún momento que el reto era demasiado grande? ¿Es lo más complicado a lo que te has enfrentado?
JP: No había tenido nunca un reto así porque no había entrado nunca a mitad de temporada en un equipo, y entrar en las condiciones en las que entré yo, con esa atmósfera, sustituyendo a quien sustituyes, con el equipo yendo muy mal… El reto era muy grande.
Pero siempre he tenido confianza en lo que he hecho. Y con los últimos meses que llevaba, tampoco el reto era mucho mayor en cuanto a dificultades, porque las dificultades que he vivido en el último año y medio como mínimo estaban a la altura de lo que me encontré en Partizán a nivel deportivo.
Ahora somos un equipo compacto, que vamos a ver hasta dónde llega en nuestros playoffs de ABA, pero es un equipo que ha competido muy serio y que ha cambiado la cara en muchas cosas de las que se le acusaba cuando yo llegué.
Al final yo siempre digo: nosotros jugamos para nuestra gente, y nuestra gente en Belgrado, aunque esté mal la palabra, es la hostia. Ese ambiente, cómo quieren a su equipo. Es tremendo. Y si les das un poco, ellos responden.
G: ¿Cómo es jugar con ese público? ¿Impone estar ahí dentro?
JP: Yo me abstraigo bastante, pero el ambiente, la atmósfera que se genera, es espectacular. El sentimiento que tienen, cómo lo viven… Ya he tenido la suerte de vivir tres derbis. Eso es un partido especial, tanto como local como visitante. Es algo más que un partido. Los derbis siempre son algo más, pero aquí, cómo lo viven los días anteriores y los días posteriores… es tremendo el sentimiento que tienen. Es una experiencia de vida y yo me siento un privilegiado por poder estar viviendo esto y por poder ser el entrenador de Partizán.
G: Te tocó vivir el fallecimiento de una leyenda como Dusko Vujosevic…
JP: Es espectacular el respeto que había hacia su figura. Vi a grupos de aficionados haciendo minutos de silencio espontáneos en mitad de la calle en Belgrado. Gente que la ves en la grada y dices: “Hostia, parece que estén locos perdidos”, cuando llega el momento de transmitir respeto… Es que hasta sin entender mucho, y sin entender serbio, evidentemente, se te pone la piel de gallina.
Y es tremendo tanto lo que se organizó en el club, en el campo, antes del partido, como el funeral, al que fuimos toda la plantilla y en el que había 10.000 o 15.000 personas en el cementerio. El sentimiento de respeto y de agradecimiento, eso se te queda grabado, porque aquí somos algo diferentes. No es que no lo tengamos, pero lo exteriorizamos de forma muy diferente a lo que hacen allí.
G: Ser entrenador del Partizán, ¿es como tú habías pensado que sería ser entrenador del Partizán?
JP: Belgrado es una ciudad de baloncesto y es una ciudad dividida por los dos grandes clubes de la ciudad, como son Partizán y Estrella Roja. La repercusión es más grande que en los sitios en los que he estado, porque el seguimiento es mucho mayor, pero también el respeto que hay hacia la figura del entrenador es muy grande. Sí que te conocen más, sí que te hacen comentarios, pero la figura del entrenador es una figura bastante más respetada de lo que uno está acostumbrado.
G: Hablemos del calendario. Tú lo llevas años viviendo. ¿Es sostenible? ¿Es normal que la mitad de los equipos hayan despedido a su entrenador este año?
JP: La competición se ha vuelto muy salvaje, muy salvaje. Ha cambiado mucho a lo que era la Euroliga de hace unos años, especialmente porque hay muchos más partidos y porque hay mucho más potencial, con plantillas y con jugadores para competir por todo.
Cuando hay tantos equipos y se generan tantas expectativas, al final solo gana uno. Si te pones a mirar todos los equipos, todos tienen grandes expectativas y todos quieren estar en la parte de arriba, porque todos hacen un gran esfuerzo, todos los presidentes, todos los clubes, para tener grandes plantillas, grandes cuerpos técnicos, tener las mejores facilidades. Pero al final la competición es muy dura y hay muy poca paciencia.
Tenemos el famoso entorno ahora, sobre todo en las redes sociales, que lo multiplican todo mucho. Entonces, si no tienes estructuras profesionales, serias, con paciencia, con experiencia, todo se precipita mucho más. Y es evidente que la figura del entrenador es la figura casi siempre más débil en cualquier proyecto. Tiene una fuerza importante mientras está, pero cuando las cosas van mal, pues la típica frase, que es verdad: es más fácil cargarse al entrenador que no a dos o tres jugadores. Y es cierta, porque además el mercado de jugadores cada vez es más difícil.
Entonces, la figura del entrenador… Mira, el otro día escuchaba al Cholo Simeone hablar ya no de la figura del entrenador, sino de las figuras en la vida: del respeto al maestro, al médico, al policía. Cada vez la gente se atreve más a discutirlo todo y se respeta menos. Es la parte fácil, atacar o cambiar. Yo creo que es una equivocación, porque además cuando entra un entrenador nuevo, como me ha pasado a mí, sí que puedes hacer cosas, pero durante la temporada se entrena muy poco. Hay poco margen para cambiar demasiadas cosas. Pero el negocio está montado así y creo que no va a cambiar, al menos en las próximas temporadas. Y al menos el calendario, la palabra no es que se suavice un poquito, pero sí que necesitamos un calendario más acorde a lo que es el baloncesto europeo.
G: ¿Y tú crees que también cambiará en algún momento un poco la mentalidad de entender que no pasa nada por perder algún partido?
JP: Es complicado, porque aquí no hay esa mentalidad, pero va a cambiar. Años atrás equipos como Barcelona, Madrid o Panathinaikos perdían a lo mejor seis o siete partidos en toda una temporada, y se los perdían entre ellos. Ahora eso no existe. Ahora todos los equipos pierden 20, 25 o 15 partidos, sobre todo los que juegan en ligas importantes. Al final todo cae por su peso y eso va a ser más normal.
Ahora, estos primeros años, la gente se pone las manos en la cabeza porque pierdes 12 partidos. Bueno, es que si miras la Euroliga, el primer clasificado, ¿cuántos ha perdido? 12.
Nos vamos a tener que acostumbrar, porque la competición te lleva a eso. Igual que nos vamos a tener que acostumbrar seguramente a que hay partidos, y ya los hay, en los que un equipo que en teoría tendría que ganar pierde ese partido de 20 puntos y no juega al nivel. ¿Por qué pasa? Porque es imposible, jugando tres partidos a la semana, viajando como se viaja, y sin poder entrenar, y con problemas de lesiones, tener una regularidad.
Entonces, cuando eso pasa en el otro lado del charco, en la NBA, y ves equipos que son campeones y tienen rachas de perder tres partidos, no pasa nada. Y aquí nos volvemos locos. Yo creo que está cambiando, pero va a tener que cambiar más. Y hay que darle menos trascendencia a la derrota y a la victoria.
G: Tienes contrato para la próxima temporada. ¿Cómo quieres que sea tu Partizan del futuro?
JP: Los veranos siempre son complicados y Partizán es un gran club. Yo creo que es un club al que los jugadores quieren ir, pero también hay que saber lo que es uno dentro de una competición como la Euroliga. Y en la Euroliga es evidente que hay ocho, nueve o diez clubes que se mueven con un nivel económico, en cuanto a salarios, mucho más grande.
Pero nosotros lo que pretendemos es construir un equipo que primero funcione como tal, que transmita esa energía, esa lucha con la que nuestros fans estén orgullosos, intentar retener a esos jugadores que queramos, y después vamos a ver qué capacidad tenemos en el mercado para añadir jugadores y ser un equipo competitivo.
La renovación de Carlik Jones es una muy buena noticia para nosotros, y a partir de ahí vamos a ver: jugadores que tienen contrato, pero que pueden irse a la NBA… vamos a ver qué capacidad tenemos de completar la plantilla. Pero, sobre todo, lo que hay que tener es una línea, una idea de juego, una idea de cómo queremos ser. Yo creo que tanto el club como yo la tenemos clara, y vamos a ver si somos capaces de añadir esas piezas para poder ser un equipo competitivo.
G: Para acabar, ¿has tenido contacto con Zeljko Obradovic?
JP: Todavía no y lo tengo pendiente. Ya lo dije cuando llegué. Cuando llegué no quise tener más informaciones ni de un lado ni del otro para centrarme mucho en lo mío, para ir con mi idea. Con Zeljko tengo una buena relación, pero no hemos coincidido y no tardaremos en tener una charla normal. Al margen del respeto que yo le tengo como entrenador, es una leyenda en Belgrado. Y está claro que, si alguien seguro quiere que a Partizán le vaya bien, es él, porque es parte de su vida. Seguramente es fallo mío no haberle llamado, pero con el ritmo de competición, es una locura. Al llegar sí quise esperar, pero pronto hablaremos, seguro.
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