Xavi López hizo las maletas a los 30 años, puso punto final a su trayectoria como jugador y decidió darle un vuelco a su vida. En una edad en la que muchos alcanzan su madurez deportiva, el exterior catalán apostó por dar el salto a los banquillos a miles de kilómetros. Gracias a una beca y en la posición más baja del staff, inició una trayectoria en la NCAA que le ha llevado posteriormente a ayudar en la formación de varias de las jugadoras más destacadas del panorama internacional. Ese objetivo que mantiene en TCU, donde el equipo dirigido por su compañero y amigo Mark Campbell está volviendo a acaparar muchos focos en la competición universitaria.
*Entrevista publicada en la revista número 1.563, diciembre de 2025
Gigantes del Basket: ¿Cómo termina un jugador ACB entrenando baloncesto femenino en Estados Unidos?
Xavi López: Cosas de la vida que no te esperas. Yo jugué en Estados Unidos a nivel universitario y estuve cuatro años: dos en el estado de Oregón, en Junior College, y dos en San Diego, en California. De mi tiempo aquí como jugador, hice amistades, aunque la vida te lleva por diferentes sitios. Acabé teniendo una oportunidad de ir a Kansas State como graduate assistant con 30 años. Es la posición más baja en un cuerpo técnico, te pagan un máster y estás becado como un deportista más. Así empecé.
G: ¿Era un salto que llevabas en mente para algún momento de tu vida?
XL: En ese momento estaba jugando en Basquet Coruña. A partir de amistades y contactos de mi etapa como jugador me salió esta oportunidad un poco de la nada. Me alegro mucho de haberla aceptado. No tenía claro que quería dejar de jugar en ese momento, pero decidí qué quería hacer el resto de mi carrera. Fue una de las mejores decisiones que he tomado.
G: ¿Cómo fue esa primera transición de la posición más baja del cuerpo técnico a ser asistente en una universidad como Oregon que llegó a ser la número #1 del país?
XL: El plan era estar dos años en Kansas State como mínimo. Al terminar la primera temporada despidieron a mi entrenadora y vino un cuerpo técnico nuevo. Mi idea era irme con ellos a Northern Colorado para acabar el máster. Pero Oregon me ofreció ser video coordinator, la posición siguiente dentro de un staff. Me salió por mi etapa previa en Oregon, por amistades que tenía allí y porque Kelly Graves, que fichó entonces como primer entrenador, quería tener acceso al mercado europeo. Él no me conocía, pero cuando estaba en Gonzaga competía con Kansas State en el reclutamiento de europeas y vio que era porque tenían a “un chico europeo”. Cuando fichó decidió que quería eso también. Y la consecuencia fue que llegó Maite Cazorla como primer fichaje.
G: Entiendo que llegara Maite Cazorla sería especial para ti.
XL: Sí. Estábamos reclutando a Sabrina Ionescu como prioridad. Mark Campbell fue al Mundial U17 en República Checa a verla. La final era entre Estados Unidos y España. Me llamó y me dijo: “A la número cinco, Maite Cazorla, tenemos que reclutarla”. A partir de ahí empezamos a movernos. Conocía a la familia, a sus hermanos Carlos y Juan Pedro, ahí empezó todo.
G: ¿También supuso ese momento el comienzo de tu buena relación con Mark Campbell?
XL: Cuando llegamos a Oregon nos conocíamos de amistades en común. Kelly Graves nos dio libertad para reclutar y formar el equipo. Mark y yo trabajábamos juntos cada día, compartíamos tareas e ideas. Se creó una amistad muy cercana. Hicimos esto durante siete años juntos y llegamos a ser el equipo número uno del país en 2020. Ese equipo iba lanzado a ganar el torneo nacional hasta que llegó el coronavirus. Y a día de hoy llevamos 12 años trabajando juntos.
La familia de Maite Cazorla me dijo: “Cuida de ella como si fuera tu hermana”
G: Después de reclutar a tantas jugadoras juntos, ¿algún caso que recuerdes con cariño especial?
XL: Uf, hay muchas. Quizá la de Maite es la más especial. Nunca hizo visita oficial, que es lo normal cuando estás siendo reclutada por muchas universidades. Ella confió ciegamente en nosotros. La familia me dijo: “Cuida de Maite como si fuera tu hermana”. Y que le ayudara a mejorar como jugadora. Eso no se me olvida.
“Llegábamos a entrenar y Sabrina Ionescu ya estaba en pista sudando”
G: Mencionabas que vuestro objetivo principal era Sabrina Ionescu. ¿Cuánto hay de mito y cuánto de realidad sobre su exigencia y ética de trabajo?
XL: Es real. Su ética de trabajo es insuperable. No es excesivamente atlética, ni la más rápida, pero trabaja más que nadie. Tiene mucho corazón en pista. A las 7 de la mañana estaba tirando sola; nosotros llegábamos a las 8 y ya estaba sudando. Era contagioso. Empujaba a todas a trabajar como ella. Sabías que si estaba Sabrina no íbamos a perder. Esa competitividad y ética la hace única. Luego con el paso de los años he visto a otras similares ene se sentido, como es Van Lith. Sabrina, al ser la primera que vi así, me chocó como entrenador.
G: Pasaron los años y os llegó la oportunidad de ir a Sacramento State. ¿Cómo fue cambiar de realidad y expectativas de forma tan brusca y empezar de cero?
XL: Teníamos todos los recursos en Oregon, pero el baloncesto es baloncesto. Tras siete años era momento de un reto diferente, intentar mejorar como entrenador. Sacramento venía de ganar tres partidos. Casi sin recursos, uno de los peores pabellones de la NCAA. Pasamos de avión privado a furgonetas que conducíamos los entrenadores. Pero fue la experiencia que más me completó como entrenador hasta ahora. Aprendí muchísimo. Estaba en la Big Sky, que es quizá la división menos competitiva en la Costa Oeste, y aquel equipo era el peor. Nunca se había ganado nada ahí, ni en masculino ni en femenino. En dos años ganamos la liga, el torneo de conferencia y entramos en el March Madness por primera vez en su historia. Fue muy gratificante.
G: Ahora en TCU también habéis dado la vuelta al proyecto. ¿Ha sido un proceso similar?
XL: En Oregon venían de ganar cuatro encuentros, en Sacramento tres, en TCU uno. Cambian los personajes, pero hay cultura perdedora, malas actitudes, jugadoras para las que el baloncesto no es lo más importante. Eso era similar. Lo primero es cambiar la cultura, tener un vestuario sano. Esa es la base de todo.
G: Suena fácil dicho así pero, ¿cuánto cuesta realmente?
XL: Es muy complicado. A muchos entrenadores les dan contratos de cuatro años y no lo logran. Nosotros hemos tenido la suerte de conseguirlo. Acertamos reclutando las jugadoras correctas. Si aciertas en eso, todo es más fácil.
G: ¿Puedes explicar cómo trabajáis el reclutamiento? Procesos, personal, prioridades.
XL: Aquí los cuerpos técnicos son enormes. Tenemos más de diez personas: primer entrenador, cuatro ayudantes, directora de operaciones, de desarrollo de jugadoras, tres graduate assistant. Nos dividimos tareas. Lo diferente es que nuestro head coach está muy involucrado. En otras universidades no es así. Para nosotros es la parte más importante del trabajo y Mark no delega esa responsabilidad. Seguimos haciendo lo mismo que en Oregon: trabajar muchísimo en captar jugadoras.
G: Desde fuera se percibe un ambiente muy sano en vuestros vestuarios y eso es un factor a la hora de reclutar.
XL: Es algo natural, pero también es muy importante para nosotros. Queremos que tengan una buena experiencia, que mejoren y disfruten. Mark tiene un don para conectar con ellas. Sabe encontrar jugadoras y ayudarles a mejorar. Pasó con Ionescu, Van Lith, las jugadoras de Sacramento State, ahora Marta Suárez y Olivia Miles. Muchas no disfrutaron del todo en sus universidades anteriores y aquí se han encontrado.
G: ¿Qué os hace especiales para que tantas bases os elijan a vosotros? La lista es cada vez más significativa: Ionescu, Cazorla, Van Lith, Miles, etc.
XL: El estilo de juego. Muy europeo, con bloqueos directos, espacios, tiradoras, una pívot potente. Mucha libertad. Es un estilo moderno, el que luego se juega en WNBA. No hemos inventado nada, pero es cierto que muchas universidades siguen jugando un baloncesto arcaico. Aquí las chicas disfrutan, mejoran y se preparan para lo profesional. Por eso sigue pasando.
“Marta Suárez llegó con actitud de jugadora profesional”
G: Uno de los nombres propios de esta temporada es Marta Suárez: ¿Cómo está siendo esta primera toma de contacto?
XL: Llegó con actitud de jugadora profesional. Es un poco lo que hablábamos de Sabrina. Entrena por su cuenta todos los días, vídeo, recuperación… Encaja perfecta en nuestro estilo. Está muy cómoda en pista, juega muy fácil con Olivia Miles. Tenemos jugadoras que le complementan muy bien. Si las lesiones la respetan, puede hacer una temporada espectacular.
G: La otra con conexión española es Clara Silva, portuguesa formada en Unicaja, que llega en un punto muy diferente. Es su segundo año tras una temporada con menos protagonismo en Kentucky.
XL: Intentamos reclutarla cuando llegamos a TCU y no nos dio mucha atención porque el nivel del equipo no era bueno. En Kentucky no jugó mucho, quería algo distinto y tuvimos la suerte de ficharla. Ahora es nuestra pívot titular con un futuro increíble. Lo demostró con Portugal en el Mundial U19. Es la pieza fundamental para nuestro futuro. Yo siempre les bromeo con Marta y Clara diciendo que son la primera pareja interior de la península ibérica. Está siendo muy divertido entrenar a las dos.
G: A pesar de que en femenino está muy establecido, el proceso que estamos viendo en masculino ha abierto muchos debates sobre la NCAA, los clubes europeos, la formación de los jugadores, etc. ¿Cómo lo ves desde tu posición?
XL: Sí, veo mucha gente preocupada. Todo el mundo mira por los clubes, pero nadie se pregunta qué es mejor para el jugador. Si tu hijo tiene una oportunidad así, ¿qué harías tú? Todo el mundo mira por sus intereses. Si directivos en España tuvieran esa opción para sus hijos, también los enviarían. Es una decisión de cada familia.
“Me gustaría ser primer entrenador, pero ahora solo pienso en llegar a una Final Four y ganar un título nacional con TCU”
G: A nivel personal, ¿tienes algún objetivo de cara al futuro?
XL: Mucha gente me va preguntando si quiero dar el siguiente paso y ser primer entrenador. Me gustaría, pero ahora solo pienso en llegar a una Final Four y ganar un título nacional con TCU. Creo que lo podemos conseguir si hacemos que este equipo rinda a su máximo nivel. Ese es el objetivo.
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