Entrevista a Nihad Djedovic: «En Málaga he aprendido que se puede disfrutar del baloncesto»

Entrevista incluida dentro del número 1.541 de la revista Gigantes del Basket, Copa del Rey: 40 años viviendo historias únicas

La historia del baloncesto está llena de niños prodigio en un mundo de adultos. El ‘Factor X’ es el último filtro entre los elegidos y los que se quedan en el camino, una mezcla de fortaleza mental y suerte que determina los que superan la barrera definitiva a tan temprana edad. Hay casos de todo tipo: desde Luka Doncic, Juan Carlos Navarro y Ricky Rubio, hasta muchos otros que no pasaron el corte y se perdieron en el anonimato. Nihad Djedovic forma parte de los que supieron reconducir su meteórica carrera. 

El alero del Unicaja debutó con el primer equipo del Bosna de Sarajevo con sólo 15 años en un partido de Liga Adriática contra el Partizan, y el Barça se lo llevó con 16 a golpe de talonario en una puja entre los grandes de Europa. Pero los vaivenes de los jefes del Palau en 2008 acabaron dibujando para él una ruta mucho más larga de lo esperada hacia la cima. En cinco años sólo jugó 24 minutos con el primer equipo, y se perdió en un mar de cesiones entre Cornellà, Lottomatica Roma, Obradoiro y Galatasaray. Otros en su lugar podrían haberse sentido abandonados, pero Djedovic persistió en su empeño de triunfar. Y lo hizo en el país que le acogió cuando él y su familia se refugiaron durante de la Guerra de los Balcanes: Alemania. 

En el momento que fichaste por el Unicaja hace año y medio, la ACB era algo que ya quedaba lejos en tu carrera. Tu último partido en España databa de 2010, en medio de un ir y venir de Barcelona. ¿Era ésta una espina que tenías clavada?

Sí. La idea de volver siempre estuvo en mi cabeza. La ACB es una liga muy competitiva y la calidad se ve jornada tras jornada. Ver cómo todos los fines semana hay equipos que les pueden ganar al Barça y al Madrid no es algo que suceda en otros países. Lo tenía claro.

¿Qué te faltó para terminar de dar el paso definitivo al primer equipo del Barça?

Cuando aterricé en Barcelona en 2007, lo hice como uno de los mejores jóvenes de Europa junto a Ricky Rubio. Venía de Bosnia pero no fue un camino sencillo. Empecé bien, pero en los equipos grandes siempre se busca ganar títulos, y en el Barça hubo cambios. Despidieron al entrenador (Dusko Ivanovic), no renovó el General Manager (Zoran Savic) y la idea inicial se perdió. No tuve fácil poder encontrar mi sitio, y después llegaron las cesiones. Me lo planteé como una oportunidad a aprovechar. Es algo que me ayudó muchísimo para crecer, tanto como jugador como persona. 

Para calibrar tu carrera como jugador: has disputado casi 160 partidos en Euroliga, los mismos que jugadores del nivel de Yotam Halperim, Rodrigo de la Fuente o Igor Rakocevic. ¿Tu carrera ha terminado siendo la lógica que esperabas?

No pienso así. Sí, he jugado muchos partidos de Euroliga en los dos formatos, el antiguo y el nuevo. Pero también he tenido la oportunidad de vivir en las mejores ciudades y jugar en los mejores equipos que hay en Europa: Barcelona, Roma, Estambul, Berlín o Munich. 

¡No está nada mal!  

Sí. Los hay peores. ¿Podría ser mejor? Claro que sí. Pero yo estoy muy contento con todo, tengo la sensación de haber aprovechado las oportunidades que se me han presentado. Con mi vuelta a España, ahora se ha cerrado el círculo. Estoy muy orgulloso. 

Ya conocías la liga y, además, has ido enfrentándote regularmente contra Barça, Madrid, Valencia o Baskonia durante los años de Euroliga. ¿Cómo ha sido el regreso?

La ACB sigue siendo la mejor liga de Europa, y el mejor baloncesto se juega aquí. Lo digo muy convencido. Fiché por un equipo que es mezcla de veteranos y jóvenes, pensado en cierto recorrido. Y mi adaptación fue rápida. Venía de una última etapa en Múnich, peleando con las lesiones sin poder encontrar mi mejor forma. Dudaba incluso de si había llegado el momento de no poder más. Llegar a Málaga y ganar un título con Unicaja fue muy especial. 

Djedovic una temporada en el Alba Berlín y 9 temporadas en el Bayern Munich, ‘su’ club. La capital bávara le acogió cuando era pequeño durante la Guerra y fue allí donde desplegó su mejor juego, llegando a ser incluso capitán. Con el Bayern cosechó todos los éxitos de la era moderna (tres Bundesligas con un MVP incluido, y dos copas), y estando con ellos se le concedió la doble nacionalidad en 2015. Incluso, no está para nada descartada la opción de una retirada de dorsal. 

Pero el aterrizaje en Málaga ha supuesto un cambio de paradigma para el bosnio. Nihad Djedovic ha estado bajo las órdenes de los principales estandartes de la antigua escuela Yugoslava: Ivanovic, Pesic, Djordjevic o Radonjic, por citar algunos. Ibon Navarro ha roto con la ortodoxia. Una auténtica catarsis.

Tras 10 años jugando en Alemania, ¿qué has encontrado en Málaga?

Unicaja ha sido siempre uno de los cuatro grandes en España, pese a que en los últimos tiempos no estaba siendo exactamente así. El proyecto que me presentaron consistía en devolver el club al lugar que le corresponde. Estoy muy contento, de verdad. Dentro de la pista, Ibon ha encontrado para mí un lugar en el que, con 34 años, me siento muy cómodo. Fuera, una ciudad que vive y disfruta el baloncesto.

En Múnich viviste bajo la tutela de la escuela serbia. Tuviste de entrenador a Svetislav Pesic, Sasha Djordjevic, Dejan Radonjic… incluso el manual de Andrea Trinchieri también es un poco serbio. En cambio, Ibon Navarro rompe completamente con esa idea de baloncesto que habías vivido hasta ahora.  

Totalmente. No había encontrado alguien así, en mi vida. Es un fenómeno. Cómo interpreta las estadísticas, cómo ve dónde puedes mejorar… Yo siempre había vivido bajo la vieja Escuela Serbia, donde no importaba cómo estuvieras. Te metían caña y te mataban en los entrenamientos. Estoy muy orgulloso de todos estos años, porque hacen a las personas más duras, pero hay que saber también relajar la situación. Vivimos un tiempo en el que los jóvenes miran más hacia la NBA. E Ibon tiene este equilibrio, este balance. Estoy disfrutando al máximo.

¿Para ti ha sido aire fresco? ¿Un punto de vista mucho más moderno de ver las cosas?

Hasta que llegué a Málaga, hay cosas que no había visto nunca en mis 16 años de carrera. Se controla cómo has entrenado y los minutos que has jugado, para que en tres semanas no estés cansado. Hay veces que pienso: «¡Déjame jugar, vamos a morir y ya cuando nos levantemos mañana veremos lo que vamos a hacer!». Es otra manera de mirar el mundo del baloncesto, la ciencia aplicada al baloncesto, y estoy aprendiendo de él. 

¿El nuevo baloncesto y todos los entrenadores menores de 50 años van hacia esa manera de ver las cosas?

Creo que sí. Todo ha cambiado muy rápido, y es normal que así sea. Hay más partidos que antes, y casi no hay entrenamientos. Por eso, hay poca carga de minutos. Cuando ves las estadísticas de Euroliga, ves que los jugadores se mueven entre los 15 y los 18 minutos de media, y entre los 7 y 9 puntos. Pocos se van por encima de los 10 puntos y los casos de Larkin y Mike James son muy raros. Lo normal es tener muchos jugadores para cambiar, con plantillas largas de 15 y 16 jugadores. Es algo nuevo para los entrenadores viejos, que no pueden funcionar así. Y la tendencia va a ser esta en los años que vienen. 

Te fuiste de casa muy joven. ¿Todavía tienes mucho hambre de baloncesto?

Debo reconocer que hace un par de años, no tanto. Llega un momento que peleas con tu cuerpo. Las lesiones y el calendario de Euroliga son muy muy muy duros. Quien no lo ha sufrido, no sabe lo que es. Siempre viajando y jugando. Es todavía peor si tienes familia e hijos. Llega un momento en que no puedes más y piensas: «Si la vida es así, no quiero ser parte de esto. Todo se me escapa y me estoy perdiendo los buenos momentos». Llega un momento en que no sabes ni para qué juegas. Es cuando dudas sobre lo que tienes que hacer. Venir a Málaga me ha devuelto las ganas de jugar, de competir y de ganar, de estar todos los días con los compañeros. De verdad, estoy disfrutando muchísimo. Ahora no me pongo límites.

Además, ver Unicaja es muy divertido. No sólo por los resultados, sino por el juego del equipo. 

Es lo que nos dice Ibon antes de cada partido: «Disfrutad del momento, disfrutad jugando juntos». Antes de llegar aquí, siempre me habían dicho que no podía disfrutar, que tenía que trabajar duro y que ya disfrutaría después.  «¿Disfrutar en el partido? ¿¿Cómo??». Aquí he aprendido que se puede disfrutar jugando al baloncesto. No pasa nada por perder uno o dos partidos. Si disfrutas y entrenas al máximo todos los días, los resultados van a llegar.

El título del año pasado tiene algo de inesperado. De hecho, se puede decir que la Copa en Badalona fue un punto de inflexión en la trayectoria del equipo, y que se han alargado hasta hoy. ¿Ese título hizo cambiar objetivos? 

Muchísimo. Cuando empezó la liga nos dijimos que iríamos poco a poco. Pero cuando ganamos la Copa, todo cambió. ¡Teníamos que ganar la BCL y la Liga ACB! (risas) Es normal, porque fue un momento inesperado. Badalona fue una maravilla. Esta fuerza y esta energía fue la que nos llevó hasta las semifinales de la Liga Endesa donde casi ganamos al Barça. Habríamos podido ganar los dos partidos en el Palau y se habría cambiado todo. Debemos tener los pies en el suelo, somos todavía un equipo de proyecto. Todavía tenemos que jugar nuestro mejor baloncesto, y estamos en camino de esto. No nos ponemos objetivos. Si seguimos en esta línea, los títulos van a llegar. Pero no queremos ponernos mucha presión. 

acb Photo / Mariano Pozo

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